Durante siglos, el mundo rural fue el guardián silencioso de los montes.
Los pastores con sus ovejas y cabras limpiaban de manera natural los rastrojos y el sotobosque, reduciendo el riesgo de incendio. Los vecinos recogían leña, desbrozaban senderos, mantenían los cauces de los ríos y barrancos despejados. Todo ello sin pedir nada a cambio, porque formaba parte de una cultura de vida en común. El monte estaba vivo, habitado y cuidado.

Hoy ese modelo ha sido prohibido.
Las prácticas tradicionales de limpieza están perseguidas y sancionadas con multas altísimas. La responsabilidad recae en la Administración, que muchas veces ni limpia ni previene. El resultado es obvio: montes sucios, llenos de combustible vegetal, esperando el primer chispazo para convertirse en tragedia.

Pero hay un trasfondo aún más oscuro.
Los incendios no solo se producen por negligencia o abandono: también se benefician de ellos intereses muy concretos. Fondos buitre y especuladores compran tierras quemadas a precio de saldo o, en algunos casos, ya las tienen en su poder antes de arder. Luego presionan para recalificarlas: urbanizaciones, macroplantas fotovoltaicas, proyectos eólicos. Lo que para el pueblo es destrucción, para ellos es negocio.

La consecuencia es demoledora.
Se criminaliza al mundo rural, se le arrebata su papel de protector y se abre la puerta a un modelo mafioso que convierte el fuego en oportunidad. Mientras tanto, el país entero paga las consecuencias: bosques arrasados, pueblos asfixiados por el humo, suelos erosionados, inundaciones cuando llueve porque los cauces no se limpian.

Lo que antes era prevención comunitaria y gratuita se ha convertido en prohibición y negocio.
El fuego ya no es solo una desgracia natural: es el reflejo de un sistema que margina a quienes siempre cuidaron la tierra y que abre el camino a quienes solo buscan lucrarse con ella.

Nota aclaratoria

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Un comentario en «Reflexiones de un jubilado: España arde por los cuatro costados»
  1. Genial reflexión Jesús. Llevo tiempo pensando que detrás de los incendios hay algo más que la negligencia o el cambio climático, y has puesto el dedo en la llaga. Es increíble que se castigue a la gente que siempre ha sabido cómo cuidar la tierra. Lo mismo pasa y ha pasado con la ganadería, históricamente se le ha dado mas voz las asociaciones animalistas y activistas que los ganaderos, que saben mejor que nadie como cuidar el ganado (que al final es su sustento) Parece que cada vez reina mas la hipocresía y el discurso rápido y cínico.

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