El Gobierno anuncia un Pacto de Estado contra el cambio climático. Otro titular grandilocuente que sirve para lo de siempre: subir impuestos, imponer restricciones y abrir nuevos negocios para los amiguetes de las grandes corporaciones. No hay nada nuevo bajo el sol: crisis inventadas para mantener a la población dócil, mientras los poderosos siguen volando en jets privados y ampliando su riqueza a costa del miedo colectivo.

El “cambio climático” es el dogma moderno. No se cuestiona, no se debate, no se permite disentir. Y, sin embargo, la realidad es tozuda: fenómenos extremos han existido siempre. Lo que cambia no es el clima, sino el uso político que se hace de él. Se ha convertido en un mantra repetido por políticos, burócratas y medios de comunicación al servicio de una agenda global que necesita justificar más control sobre la vida de la gente.

Los que hoy claman por salvar el planeta son los mismos que destruyen el entorno con macroproyectos urbanísticos, que favorecen a multinacionales energéticas y que llenan sus bolsillos con subvenciones verdes. La supuesta “emergencia climática” no es más que un negocio político y financiero disfrazado de moral universal.

La gran mentira no es el clima: es la manipulación de la verdad para convertirnos en súbditos de un miedo fabricado.

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