El Govern de las Islas Baleares se encuentra en medio de un debate necesario sobre la gestión migratoria y la compatibilidad entre la solidaridad y el orden legal.
¿Somos poco cristianos por querer una inmigración regulada? Esta es la pregunta que muchos ciudadanos se hacen ante el actual escenario migratorio. La caridad cristiana y la solidaridad humana no están reñidas con el sentido común.
Defender que las fronteras deben ser respetadas y que la entrada en un país debe ser legal no es un acto de odio, sino de responsabilidad hacia la propia convivencia. No se puede ayudar a todo el mundo si no se tiene capacidad para ello.
La saturación de los servicios públicos y la falta de recursos para una integración real acaban perjudicando tanto al que llega como al que ya reside en las Islas Baleares.
El equilibrio entre la acogida y la ley
La Iglesia y diversos sectores sociales insisten en la acogida, pero esa acogida debe ser sostenible. Una inmigración descontrolada solo genera guetos, precariedad laboral y una presión insoportable sobre el sistema asistencial de nuestra comunidad.
No es falta de humanidad exigir que se cumplan las leyes de extranjería. Al contrario, es la única forma de garantizar que quienes entren lo hagan con derechos y deberes claros.
Se debe evitar que estas personas caigan en manos de mafias o en la marginación más absoluta. El respeto a nuestra cultura y a nuestras normas es un requisito indispensable para la convivencia.
La libertad de culto y de pensamiento debe ir de la mano del respeto a las sociedades que acogen, algo que solo se consigue con un flujo migratorio ordenado.
La responsabilidad política y social
Las administraciones deben dejar de lado la demagogia y afrontar la realidad: los recursos de las Islas Baleares son limitados. Priorizar el bienestar de los ciudadanos y la seguridad de nuestras costas es una obligación moral.
Ser cristiano también significa ser justo, y no es justo permitir que se vulnere la ley sistemáticamente mientras miles de personas esperan su turno legalmente para formar parte de nuestra sociedad.
La regulación es la mejor herramienta para una convivencia en paz. Solo desde el orden se puede construir una sociedad solidaria que no ponga en riesgo su propia estabilidad ni su identidad cultural.
Sobre el autor

Fulgencio Coll Bucher es portavoz de VOX en el Ayuntamiento de Palma, fue el primer GEJUME y jefe de Estado Mayor del Ejército.

