Edificios destruidos y escombros en una calle de Palma tras un bombardeo aéreoConsecuencias y destrozos provocados en el centro de Palma por las bombas lanzadas por la aviación republicana desde Cataluña

La investigación histórica desarrollada por el historiador Manuel Aguilera y recogida en la memoria incómoda: los 86 muertos en los bombardeos republicanos sobre Mallorca documenta el impacto de los bombardeos de la aviación republicana sobre la isla durante la contienda.

Manuel Aguilera sostiene en su investigación que «Mallorca fue uno de los primeros escenarios de terror aéreo de la historia bélica puesto que la isla y sobre todo su capital fueron castigadas por la aviación republicana en una estrategia que, al contrario de casos como Córdoba, Oviedo y Zaragoza, no trataba de apoyar un asedio por tierra, sino que buscaba atemorizar a la población civil para forzar una rendición».

«Pensaban que se podía rendir solo con bombardeos sistemáticos diarios porque no tenía ninguna defensa. Estaba totalmente desamparada, sin aviación, sin armada, sin baterías antiaéreas, sin refugios…», detalla sobre los primeros meses de la contienda.

Mensajes arrojados desde el cielo junto a las bombas

Durante las incursiones bélicas, los bombarderos republicanos procedentes de Cataluña lanzaron pasquines dirigidos a los mallorquines con el texto: «Mallorca en llamas. Hermanos, amigos, imaginad nuestro dolor al cumplir el deber terrible de aniquilaros».

Entre el 23 de julio y el 28 de agosto de 1936 se contabilizaron 46 ataques, registrándose la mayor letalidad en mayo de 1937 con 45 personas fallecidas en los últimos ocho días de dicho mes.

El balance documentado en la obra asciende a 97 víctimas mortales en suelo mallorquín, sumando a los 86 fallecidos por ataques republicanos a 11 vecinos de Artà muertos por un error de aviones italianos al creer el pueblo ocupado por milicias.

Una memoria completa sin exclusiones ni silencios

La «aplicación parcial de las leyes de memoria histórica» que critica el investigador lleva a paradojas como la falta de reconocimiento a Joan Sampol Llobera, dirigente de la UGT de Palma herido de muerte en un bombardeo «amigo» en la Colònia de Sant Jordi, donde se refugiaba.

Aguilera defiende «la importancia de dejar testimonio de los nombres y la historia de todas las víctimas inocentes, causadas por uno y otro bando», una «memoria ecuánime, no selectiva ni sectaria«, y difundirla «para que la gente entienda el horror y el dolor que causa una guerra«.

En democracia tampoco se les ha prestado atención porque «no fueron asesinadas por Franco y no había interés en recordarlas porque la historiografía se ha centrado en enmendar el olvido de la dictadura respecto a las víctimas republicanas», argumenta el investigador.

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