ÚLTIMA HORA: Consulta aquí los horarios y rutas definitivos de la Cabalgata de Reyes en Manacor tras los cambios de última hora.

Hay errores que se perdonan por azar, pero hay negligencias que se graban a fuego en la memoria de un municipio. Lo ocurrido hoy en Manacor con la gestión de la Cabalgata de Reyes no ha sido un problema meteorológico —la lluvia es un fenómeno natural— sino un síntoma de la parálisis política que sufre nuestra ciudad bajo el mando de Miquel Oliver.

Pero lo más grave de lo vivido este 5 de enero no es solo la improvisación; es la reincidencia. El alcalde y su equipo de gobierno parecen haber olvidado que el año pasado ya nos arrastraron por este mismo fango. En 2025, la falta de previsión y el anuncio tardío ya provocaron el caos entre las familias manacorinas. ¿Es que nadie en este Ayuntamiento toma notas? ¿Es que no existe un «libro de estilo» sobre cómo gestionar una crisis que ya vivieron hace apenas 365 días? ¿O es que el dinero de nuestros impuestos no llega para pagar a gestores competentes?

Gobernar es prever, y Miquel Oliver ha demostrado que tiene la memoria tan corta como su capacidad de gestión. Mientras los ayuntamientos de media Mallorca demostraban diligencia anunciando sus planes de contingencia antes del almuerzo, el equipo de gobierno de Més y sus socios preferían el silencio sepulcral. ¿A qué esperaba el alcalde? ¿A que el radar de la AEMET se volviera separatista para darnos una tregua?

La falta de reflejos del consistorio ha sido un insulto a la logística familiar, especialmente para aquellos vecinos de las barriadas y zonas periféricas de Manacor. No es lo mismo vivir frente a la Iglesia de los Dolores que tener que desplazar a niños pequeños desde el extrarradio sin saber si habrá evento o no. Avisar a las 17:31 h —cuando ya se sabía desde la mañana que el tiempo no daría tregua— para anunciar un cambio de apenas 30 minutos es un acto de soberbia administrativa. Demuestra que a este equipo de gobierno no le importa el ciudadano de a pie, aquel que paga sus impuestos para que eventos como este se gestionen con profesionalidad y no con parches de última hora.

Manacor ha vuelto a ser el vagón de cola de la comarca. Mientras Santanyí o Felanitx daban certezas, nosotros recibíamos una ración de déjà vu administrativo. Mantener el desfile en la calle con el frío y la humedad de la noche es el broche de oro a una gestión que hace aguas por segundo año consecutivo.

No es la lluvia lo que ha mojado la ilusión de los manacorins hoy; ha sido la desidia de un alcalde que parece más cómodo en la pancarta y la confrontación que en el despacho gestionando el día a día. Hoy, el «Plan B» de Oliver ha sido la «N» de negligencia. Manacor merece gestores que aprendan de sus errores, no ideólogos que nos condenan a repetir la misma historia cada 5 de enero, pagando por su incompetencia.

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