Este pasado viernes nos presentaron una campaña audiovisual para celebrar el Día de la No-violencia, tal y como informamos en este digital: Consell y RCD Mallorca lanzan una campaña de respeto y «buen trato» en el deporte.
Todo muy bonito, muy institucional y, desgraciadamente, muy inútil en la práctica diaria.
Estamos hartos de ver cómo se gasta el dinero público en parches de marketing mientras la herida sigue sangrando cada fin de semana en los campos de fútbol base.
¿De qué sirve que referentes del mallorquinismo nos pidan respeto desde una pantalla si el problema real no está en el césped, sino en lo que los niños maman fuera de él?
El deporte es el escenario, no la causa
La violencia en las gradas no es un problema del fútbol; es un problema de raíz que se manifiesta en el deporte, pero que se gesta en entornos donde el respeto ha pasado a mejor vida.
Un niño no insulta a un árbitro porque el deporte sea violento. Lo hace porque traslada al campo las conductas que ve y permite su entorno diario.
El respeto no se aprende con un anuncio de treinta segundos entre el primer y el segundo tiempo. Se enseña con el ejemplo constante y con límites claros que hoy brillan por su ausencia.
Adoctrinamiento y dejadez docente
Se intenta arreglar con campañas escolares lo que ya viene torcido de fábrica por una falta total de disciplina y valores básicos.
Pero no nos engañemos, parte del profesorado también tiene su cuota de culpa en este desastre social.
En lugar de formar ciudadanos respetuosos, demasiados docentes prefieren dedicar sus esfuerzos al adoctrinamiento ideológico.
Cuando la prioridad en las aulas es la ingeniería social en lugar de la convivencia, el sistema educativo falla por la base.
La dimisión de los padres
Sin embargo, el factor determinante es la vergonzosa dimisión de muchos padres en sus funciones más básicas.
Si estos son los padres que deben enseñar a sus hijos, como se ve en esta impresionante batalla campal en un campo de fútbol de Alaró —vídeo del cual se ha extraído la imagen de nuestra portada—, así nos luce el pelo.
Esos mismos adultos que después revientan partidos infantiles son los que han delegado la crianza en las pantallas o en un sistema educativo viciado.
Si en casa no se pone freno a la falta de autoridad y se justifica cada mala conducta del hijo, no hay campaña institucional que valga.
La educación es un todo; si una gran parte del profesorado adoctrina y la mayoría de los padres dimiten de su responsabilidad, no hay vídeo que pueda salvar la situación.
Basta de lavados de cara institucionales
Es muy cómodo para los políticos lanzar estas campañas de «buenismo» y decir que han cumplido con su parte ante la sociedad.
Pero, ¿donde están las medidas drásticas contra los adultos que revientan partidos infantiles? ¿Dónde está el apoyo real a los árbitros y monitores?
Mientras la educación siga siendo una asignatura pendiente, estas campañas serán solo un gasto innecesario para que algunos se pongan la medalla.
Son fotos para la galería mientras el barro sigue manchado de insultos. Menos vídeos y más educación de verdad, de la que empieza en casa y sigue en aulas libres de ideología.
José Antonio Argiz Vázquez
Director Digital Manacor

