Durante años, la extrema izquierda y sus terminales del feminismo radical han construido un relato blindado donde el hombre es, por defecto, culpable, y la mujer, una víctima sistémica e intachable en los procesos de custodia.
Bajo ese dogma ideológico se han promovido leyes asimétricas que dinamitaron un pilar fundamental del Estado de Derecho: la presunción de inocencia de los hombres.
Sin embargo, las matemáticas oficiales del Ministerio del Interior y del Centro Nacional de Desaparecidos (CNDES) han venido a destrozar ese edificio propagandístico con la fuerza inapelable de los hechos, tal y como informa Digital Manacor en la noticia de hoy sobre las estadísticas de secuestros infantiles.
De Juana Rivas a María Sevilla: la apología del delito como bandera
Para entender el alcance de este cinismo no hace falta ir muy lejos ni tirar de abstracciones. Todos recordamos cómo el sectarismo mediático y gubernamental convirtió en heroínas a delincuentes con condena firme.
Casos sangrantes como el de Juana Rivas o el de María Sevilla —expresidenta de una entidad ligada a Podemos e indultada tras mantener a su hijo secuestrado, sin escolarizar ni ver la luz del sol— no solo fueron respaldados desde tribunas públicas y ministerios, sino amparados bajo una sistemática apología institucional.
Incluso las investigaciones policiales destaparon decenas de casos calcados vinculados a esa misma trama de Infancia Libre, demostrando que se protegió y promocionó la sustracción ilegal de menores bajo el paraguas del «yo sí te creo«, mientras a los padres se los condenaba en platós de televisión sin pruebas ni derecho a réplica.
Las cifras del Ministerio de Interior retratan la hipocresía gubernamental
Las estadísticas certifican que el 66% de los secuestros de menores en el último bienio fueron perpetrados por mujeres, duplicando en 2025 los registros protagonizados por los padres.
No estamos ante estimaciones de chiringuitos ni ante estudios de parte, sino ante los propios balances policiales y judiciales del Gobierno.
Resulta sonrojante comprobar cómo aquellos que justificaron delitos, aplaudieron desacatos judiciales e impulsaron indultos a la carta hoy guardan un silencio sepulcral ante la aplastante realidad de sus propios balances oficiales.
Es hora de recuperar la igualdad real ante la ley
El verdadero drama de este sesgo ideológico no es solo el señalamiento injusto a los hombres en los juzgados de familia, sino el desamparo al que se somete a los propios menores, utilizados en demasiadas ocasiones como rehenes en litigios de separación.
Cuando la propaganda política sustituye al Código Penal y a la justicia, la verdad y la infancia se convierten en el primer daño colateral.
Es hora de exigir responsabilidades a la clase política, restaurar la presunción de inocencia sin distinción de sexo y garantizar que los tribunales protejan por igual los derechos de los niños y de ambos progenitores.
José Antonio Argiz Vázquez
Director Digital Manacor
